En el Burro motorizado

5 04 2008

Crónica de un pasajero de combi

 

Era temprano, siete u ocho de la mañana tal vez. El clima estaba fresco, pero el sol ya brillaba sobre mí. Hoy tenía que ir al mercado a comprar un saco de arroz y un saco de azúcar, costumbre heredada por mi abuela desde el primer gobierno de Alan García. Además, como están subiendo las cosas, es mejor guardar pan para mayo, junio, julio, etc. Inmediatamente, tome un taxi: ¿Cuánto al mercado?, el taxista me dice: ¿cinco soles, habla vas? – sorprendido respondí: No gracias. Que tal abuso, entiendo que manejar por las vías de esta ciudad es como manejar por Bagdad, huecos por ahí, desagües por acá, muchos desvíos y un parchado más allá, pero no es justo este alocado precio.

 

Sin embargo, las motos y mototaxis también están haciendo su agosto con el caos provocado por las lluvias y el APEC, así que las únicas que entienden al pueblo son las aguerridas combis, una especie de burro piurano motorizado, que aguanta cuanto peso le pongas y que es a todo terreno, mucho mejor que una 4X4.

 

Hace mucho que no subo a una democrática combi, ¿cuál debo tomar?, le pregunto a una señora que esta a mi lado y me dice que todas pasan por el mercado, así que cualquiera da igual. Entonces, paro la primera combi que se me cruza. El cobrador, un chiquillo de catorce años, y su chillona voz me apuraban para que suba rápido. Ni bien di el primer paso dentro del vehículo, arrancó. Tambaleando y con algo de acrobacia pude evitar estrellarme contra una abuela, que no dudó en gritar: ¡Estos son unos animales!

 

Bueno, al fin y al cabo ya estaba embarcado. De repente, ni a una cuadra, el insolente mocoso me dice: ¡pasajes, pasajesss!, entonces le di cincuenta céntimos y me dice enfurecido: oe, no te hagas el chistoso que el pasaje está a noventa. ¿Qué tú estás loco?, le respondí y el me dijo: ya pe, setenta porque es urbano. ¿Urbano?, desde cuando aquí hay pasaje urbano e interurbano. Cóbrate los setenta, pero dime, ¿por qué ha subido el pasaje?, y el chofer de la combi, mirándome por el espejo retrovisor me responde: porque los repuestos han subido de precio, las baterías, las llantas, los amortiguadores, todo esta caro, y ahora como andan las pistas, hay que cambiarlos más seguido.

 

 

Bueno, ya me lo imaginaba, el burro motorizado también tiene que ser explotado, sino se le saca el jugo, no es combi. Y es que estos vehículos dejan mucho que pensar. ¿Por qué en otras ciudades el servicio de transporte público es tan diferente?, sin ir muy lejos, aquí al norte tenemos el ejemplo de Loja, que es mucho más pequeño que Piura, pero que cuenta con buses modernos y limpios, que transitan a una velocidad moderada, que respetan los paraderos y que te ofrecen seguridad.

 

Además, el SOAT ha subido a 170 dólares, dígame usted, ¿de dónde saco tanto dinero?, me siguió respondiendo el conductor, aunque más sonaba a justificación. Si tan sólo se preocupara por mejorar su servicio, créame que gustoso le pagaría los setenta o noventa centavos que tanto exige, pero su vehículo esta sucio, lleno de grasa por todos lados, los asientos rotos, baja y sube a la gente donde se le da la gana, y arranca de tal forma que agradezco tener todos mis dientes – pero sólo lo pensé. Los piuranos tenemos ese defecto, nunca decimos las cosas, sólo las pensamos, mientras pasan y pasan sobre nosotros.

 

Asentía la cabeza para que sepa que lo estaba escuchando, pero no le respondí. Busqué mirar a otro lado y en la ventana había un papelito que decía: pasaje universitario – escolar (con carnét) a cincuenta céntimos, pasaje urbano a setenta céntimos y pasaje interurbano o directo, como dicen algunos “combistas”, a noventa céntimos, según decreto legislativo Nº 651. Entonces, cada vez que alguien como yo reclamaba por el costo del pasaje, el chiquillo insolente decía: Que no ve el papel, esa es la tarifa según decreto legislativo de la municipalidad. ¿Desde cuando el concejo emite decretos legislativos?, me pregunté irónicamente, es que ni siquiera saben lo que pegan en esos papeles. Y lo que dice el decreto legislativo Nº 651 es que  los policías no pagan y que los escolares y universitarios tiene derecho a pagar medio pasaje como máximo, pero como buen piurano, no dije nada.

 

Ya a una cuadra del mercado, horneado por el humor de todos los pasajeros y fastidiado por el calor infernal del verano, le dije: bajo en la esquina – pero el chiquillo andaba con medio cuerpo salido por la ventana, mismo perrito cuando se le pasea en auto, así que no me oía. Grité más fuerte, pero tampoco escuchó. Tuve que golpear la lata para que sintiera las vibraciones y se diera cuenta que algo pasaba adentro. Entonces, entró y me preguntó: ¿bajas? No, soy cajonero y estaba probando la carcacha, que no ves que ya me pasé dos cuadras – pensé otra vez, pero sólo atiné a decir pacíficamente: Si, por favor. La combi paró, baje a toda prisa, vaya a arrancar y hacerme caer, eso si sería la cereza del helado.

 

Ya en tierra firme, mientras caminaba de regreso las dos cuadras demás, entendí que el taxista no me quiso cobrar cinco soles por la distancia, ni por el tiempo y mucho menos por las bombardeadas pistas, sino por evitarme la experiencia en esos burros motorizados, lo cual los vale.

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